~ Frontrow ~
Style guides: thirtysomething…
22 de octubre de 2007
La treintena. Esa “tierra de nadie” a caballo entre la exultante juventud y la temprana madurez. La década del multitasking femenino: trabajo, estudios, familia, hogar. La época de los retos profesionales (y de los trompazos contra el “techo de cristal”), de los intensos cambios personales (se consolidan parejas o se crean otras nuevas, se disfrutan y se sufren los “goces de la maternidad”), la década en que nos damos cuenta que la materia se corrompe, que una noche en blanco deja huella y que no hacer ejercicio se empieza a notar…
El ritmo frenético de la vida diaria desplaza todo lo que no sea absolutamente prioritario. Mantenernos al día en cuestiones fashion y perseguir esas prendas deseadas nos empieza a parecer frívolo, irrelevante y hasta cansino. Muchas mujeres recurren a un estilo clásico, burgués y estándar por simplificar y cerrar el ciclo (o por delimitar un estatus alcanzado). Otras permanecen ancladas en el estilo de la veintena y envejecen al ritmo de aquéllas tendencias (es decir, a pasos agigantados). Algunas pasan a adoptar a rajatabla cualquier nueva tendencia de éxito, aferrándose a “lo que se lleva” como si se tratara del elixir de la eterna juventud. Y un reducido grupo sigue por la senda de la evolución y consigue, no sin esfuerzo, ir ajustando su estilo a las épocas que le tocan vivir…
Nadie puede negar que hoy en día nuestra imagen es parte de nuestra identidad. Y si existe algún catalizador que contribuye a moldear la imagen que damos a los demás, ése es la moda. Vivimos inmersos en una sociedad de consumo que necesita de cambio para seguir realimentándose, y la moda (y no sólo en la ropa), es el agente del cambio por excelencia. Moda ha habido siempre: en el Neolítico ya existía la decoración corporal, se escogían unas pieles para vestirse y se desechaban otras. Todas las civilizaciones han tenido sus códigos estéticos y sus propias mutaciones. Lo que ha cambiado es el ritmo, la exigencia y la inmediatez del cambio. Es agotador, frívolo y a veces hasta cruel, pero no deja ser parte de nosotros. ¿Y quién no necesita un poco de frivolidad para mantener la cordura?
En la treintena (o casi) con mucho estilo: el frontrow de los desfiles de París otoño invierno 2007 es una fuente de inspiración. Elodie Bouchez, Virginie Ledoyen y Marina Foïs.

En algún momento de la treintena afrontamos una crisis de imagen en varios frentes. He aquí tres decálogos (que sé os encantan) inspirados (algo) en tres de los mejores libros de belleza y estilo que he leído, y (bastante) en mi propia experiencia. Bon appétit…
ROSTRO. A partir de los treinta y pocos el cansancio deja huella. Curiosamente el mercado está lleno de productos antiarrugas, cuando lo que más envejece es la pérdida de firmeza del rostro, los cambios de pigmentación y la ausencia de resplandor en la piel. La maquilladora Bobbi Brown, en su muy recomendable libro “Beauty Evolution” nos da algunas buenas claves para mitigar los cambios y depurar nuestro aspecto.
1. Utiliza una crema diaria con filtro solar. Un SPF15 es suficiente. Esto previene manchas y envejecimiento prematuro innecesario.
2. Simplifica tu rutina cosmética: compra menos, y compra mejor. Necesitas limpieza (suave), hidratación (no grasa pero sí específica) y un plus día sí y día no (un buen sérum o mascarilla hidratante es fundamental).
3. Deja de fumar. Es lo mejor que puedes hacer por tu piel, ahora y para siempre.
4. Unifica la piel antes de aplicar ningún otro cosmético. No tienes porqué usar “fond de teint”, pero sí un buen corrector y quizás también un iluminador si el cansancio hace estragos bajo los ojos.
5. Olvídate de las líneas: ni alrededor de los ojos, ni de la boca, ni colorete diagonal al estilo eighties. Difumina y vencerás. Después de delinear los párpados, usa un pincelito de sombras para suavizar el trazo. Y olvídate del delineador de labios, si necesitas un plus de volumen labial usa gloss o aplica algo de brillo transparente sobre tu barra de labios.
6. Encuentra tu colorete ideal, y úsalo: no es ni marrón, ni dorado, ni malva: tiene que ser exactamente el color de tu propio rubor, mejor si es en crema (al contrario de lo que piensas, no son nada grasientos). Aplícalo con mesura (ahí donde Heidi llevaba sus “chapetas”) y notarás la diferencia.
7. Evita para el día pintalabios mates o satinados, pásate al gloss, o mejor, al color líquido y brillante (pero sin destellos metálicos, please).
8. El bronceado, contrariamente a lo que se piensa, no rejuvenece. Puede disimular defectos, pero apaga el tono de la piel. Intenta mantener un color natural, y si tienes buena piel, lúcela lo más clara que puedas, este invierno la tez cerúlea es tendencia…
Un buen ejemplo de palidez atractiva: la perturbadora Emanuelle Segnier.

9. Una sonrisa radiante hará “desaparecer” las arruguillas alrededor de los ojos. Cuida tu boca y plantéate un blanqueamiento dental suave si lo ves necesario.
10. Y por supuesto bebe agua, y mucha. Es el mejor cosmético (bueno, ése y la dichosa felicidad).
CABELLO. En la treintena aparecen (si no lo hicieron ya) las primeras canas. El pelo se endurece, pierde flexibilidad y se seca con facilidad, mientras que el cuero cabelludo se vuelve más reactivo. La falta de tiempo, los cambios hormonales (embarazo y lactancia) y el estrés diario influyen negativamente sobre la salud y el aspecto del cabello. El genial Frederic Fekkai en su libro A Year of Style nos ilumina con su experiencia y ”bon goût”…
1. Casi todo el mundo se beneficia de un lavado diario de cabeza. El pelo necesita higiene, tanto como la piel. Utiliza champús suaves de extractos vegetales y suavizantes ligeros.
2. La manteca de karité obra milagros. Como componente en cosmética capilar no tiene precio, y en estado puro es barata, cien por cien vegetal y puede usarse incluso directamente como mascarilla prelavado (aunque recomiendo calentarla antes, por experiencia personal).
3. Encuentra tu estilista perfecto. No tiene porqué ser en un centro elitista, en tu barrio te espera un@ peluquer@ brillante dispuesto a alegrarte la vida. Al probar una nueva peluquería, hazlo sólo con un corte de puntas. Tiene que saber peinar (y que quede natural) y aconsejarte con el color. Cualquiera que sugiera que tu única opción es un “cambio radical” de corte, color o incluso una permanente, es un mal peluquero.
4. Usa sólo un producto de peinado a la vez. Sólo espuma, ó gel, o serum o laca. Y que no se note.
5. El pelo rizado puede ser brillante y sedoso. Sólo hace falta hidratarlo, dejarlo secar al aire lo más posible y dar con un serum antiencrespamiento sin aclarado adecuado, hay muchos y muy buenos. Un corte con muy pocas capas y algo de peso es la mejor solución.
6. Los accesorios capilares pueden ser preciosos, pero sólo uno a la vez, please. Lo que impacta en la pasarela puede ser aterrador en la vida real.
7. Aunque te colores el cabello, que dejen siempre algo de pelo “virgen” para mantener el brillo. Esto limita tu cambio de color (no más de tres tonos más claros o más oscuros), pero te asegurará una melena radiante aún teñida.
8. Cuidado con la henna. Impide otros tintes (modifica su color) y sí afecta a la estructura del cabello. Los tintes vegetales, aunque se vayan con los lavados, tienen colores muy inestables. Para evitar tonalidades cambiantes, mejor que te lo hagan en la peluquería.
La guapa Milla Jovovich lidia con un cabello rebelde de la mejor manera posible: un buen corte y mucho estilo.

9. Ojo con la sobredepilación de las cejas: lo que puede quedar bien con un flequillo, con la frente despejada puede ser un espanto. Unas cejas pulidas son sexys y favorecedoras, pero recuerda que la tendencia dominante es hacia lo natural y cejas que se noten. Si estás pensando en cortarte el flequillo de la temporada, largo y espeso, tu nariz es moderadamente pequeña o recta y tu mandíbula definida, estás de enhorabuena, te sentará estupendamente.
10. Un buen corte de pelo tiene que quedar bien lavado y peinado en casa. Si no es así, es un mal corte. Y el largo de la melena tiene límite: a partir del codo pierdes el control sobre ella y comienza a parecer poco higiénica, por muy limpia que esté. Una melena cuatro o cinco dedos por debajo de la clavícula es suficiente y espectacular.
CUERPO Y ESTILO. El sedentarismo y los embarazos causan estragos. Una vez aceptados los cambios (es mejor no luchar contra lo que no se puede cambiar, incluida la fuerza de la gravedad). Tomemos ejemplo de las mujeres francesas, estilosas por naturaleza y adoradas por el celuloide: la escritora Debra Ollivier, en su entretenidísimo libro “Entre Nous: A Woman’s Guide to Finding Her Inner French Girl” nos invita a recorrer la personalidad y hábitos de la mujer francesa (sobretodo la parisina) y descubrir la receta de su éxito. En el capítulo dedicado a la ropa y el cuerpo, encontré ideas sumamente interesantes.
1. Trabaja tu fondo de armario (ver artículo de mi cosecha al respecto). Una vez lo tengas, te sacará de cualquier apuro. Añade poco y escogido, y no apiles ropa en tu “closet”. Es mejor un buen vestido que cuatro ramplones.
2. Cuida tu ropa interior. No tiene porqué ser toda de encaje, pero sí divertida y muuuy presentable. El cuerpo pierde tono, así que compensalo con sentido del humor y algún capricho que te puedas permitir. Nada de un cajón lleno de braguitas de algodón destrozadas por la lavadora…
3. Compra las cosas de una en una. Los empachos de shopping sólo sirven para tener que volver a descambiar la mitad de las cosas a la semana siguiente.
4. “Black matches black”. Y casi cualquier otro color. Si el negro te resulta muy duro pegado al rostro, prueba con el azul marino o el marrón chocolate como tu color de base.
Frontrow allure: aires inocentes (flores en el pelo, vestido camisero) y toques de femme fatale (uñas negras). Camille Depardieu, Cecile Cassel y Ludivigne Seigner.

5. Opta por el buen gusto y rómpelo con algo excéntrico. Un poco de locura sienta divinamente; un ”total style” chocante superados los treinta puede adquirir tintes dramáticos (salvo si trabajas en Vogue France).
6. Luce tus virtudes: un escote divino (con cuellos de pico generosos y excelentes sujetadores), unas piernas firmes (recupera la mini a medio muslo con medias tupidas y botitas), un cuello de cisne (luce recogidos o pelo corto), unas manos perfectas (una manicura en rojo sangre)… Y no te disculpes por tus defectos.
7. Conoce las mejores direcciones de shopping de tu ciudad y ¡sobretodo! las mejores fechas: las francesas que adoramos visten divinamente, pero no a cualquier precio. Toma nota de showrooms, rebajas anticipadas, descuentos especiales a clientes y empleados, outlets escogidos… Todo vale.
Más frontrow divino: Clemence Possey, Joanna Preiss, Audrey Marnay, Cecile Cassel y Virginie Ledoyen. Mucho negro, accesorios de culto y mucha “attitude”.

8. Los templos del shopping rápidos y asequibles (como Zara) son tus aliados, pero no los tiranos de tu armario. Si más del cincuenta por ciento de tu “closet” lleva la misma etiqueta, puede que tú misma llegues a convertirte en un clon…
9. Compra abrigos, vestidos, blusas, chaquetas y pantalones buenos. Las camisetas, los vaqueros, los tops, las medias y algún capricho festivo que sean hight street. Invierte en lo que permanece…
10. Ninguna mujer, por muy chic que sea, necesita treinta pares de zapatos. Si tus zapatos de temporada no caben en un mueble zapatero IKEA, girl, you have an addiction. Y unos zapatos con tres centímetros de plataforma, tacón de madera y tres hebillas son zapatos ortopédicos, sean de la firma que sean…
Categorías: Beauty, Especiales, Frontrow | 23 comentarios »
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